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28 Secretaría de Educación del Estado de Querétaro Gilberto Guevara Niebla Profesor del Colegio de Pedagogía de la UNAM; Consejero del INEE Cuando la violencia se convierte en problema social, es pertinente volver los ojos a la escuela. La escuela es un instrumento privilegiado, para promover en las nuevas generaciones valores como la racionalidad, la tolerancia, la paz, la civilidad y el diálogo. Para que la escuela cumpla esa función se requiere que los maestros presten atención a la formación moral de sus alumnos, sin embargo, en muchos casos lamentablemente la práctica docente se reduce a la mera trasmisión de conocimientos y se desestima la dimensión moral de la tarea educativa. Muchos docentes ignoran con frecuencia que la escuela es, objetivamente, un espacio de creación e intercambio de valores morales. Es decir, todo alumno es portador de valores, o antivalores, y en las interacciones diarias de la escuela (maestro-alumno, alumno-alumno, etc.) se produce necesariamente una trasmisión moral. No existe un muro entre la escuela y su entorno. Los valores que Violencia, educación se adquieren fuera del recinto escolar, en el hogar, en la comunidad, llegan al aula y, a su vez, los que se forman en la escuela, pueden impactar en el entorno social. Puede suceder que un valor como “el respeto” se internaliza en el ámbito familiar. O puede ocurrir que el anti-valor “violencia” se asimile al ver la televisión. Eso no importa, lo que tiene relevancia es no perder de vista que la escuela es un lugar de intercambio intenso de significados morales. Es importante que, al margen del intercambio espontáneo de valores exista un proyecto o un plan pedagógico de educación moral aprobado por el maestro o por la escuela. Que exista una intencionalidad en esa materia. Por ejemplo, una escuela puede definir una acción didáctica anual para promover valores básicos en todos sus alumnos. Estos valores pueden ser, por


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