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29 ejemplo, autonomía, respeto, diálogo, responsabilidad, derechos humanos y paz, y, a continuación, desarrollar una estrategia para fomentar dichos valores. Hay muchas técnicas o métodos de educación moral, con diversos grados de eficacia: hay docentes que se conforman con formar ideas o difundir conocimientos a través de lecturas o escritos. Existe un método que se llama “clarificación de valores” (Raths y otros, 1996) que consiste básicamente en ejercicios de autoexploración moral y de debate en el aula que ha tenido gran difusión en el mundo. Hay otro método que se preocupa por desarrollar “la capacidad de juicio moral” (Kohlberg, 1969) en el cual se utilizan narraciones donde el sujeto principal se enfrenta a dilemas morales, dilemas que se usan como base para la reflexión individual y colectiva. En fin, hay otros abordajes pedagógicos al tema de la educación moral: hay docentes que enfocan el tema desde la educación emocional; otros se interesan más en entrenar a sus alumnos en las llamadas “habilidades sociales”, etc. El método es un aspecto secundario: lo importante es que exista realmente en las escuelas y en las aulas un esfuerzo inteligente de los docentes por desarrollar la moralidad de sus alumnos. No hacerlo es una omisión imperdonable pues, en esas condiciones, lo que ocurre es que los antivalores (o valores negativos), transmitidos espontáneamente, terminan por imponerse sin obstáculo alguno. (Esta colaboración es publicada con el permiso correspondiente del autor. También la puede consultar en el suplemento Campus, No. 688 correspondiente a la semana enero 12- 18, 2017 que edita Grupo Milenio). Jorge Gutiérrez de Velasco Rodríguez educación y moral Secretaría de Educación del Estado de Querétaro


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